El profundo sueño del Volcán Arenal; una espera que desespera

Volcán Arenal
(Fotografía: Diego Bolaños)
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No hace mucho, las faldas del Volcán Arenal se teñían de lava prácticamente a diario. Las violentas erupciones que arrojaban rocas incandescentes proseguidas de estruendosas explosiones cautivaban a propios y extraños que arribaban a la zona norte con el único objetivo de contemplar tan maravilloso espectáculo de la naturaleza. No era para menos, el coloso sancarleño figuraba entre los 10 volcanes más activos del mundo, y su belleza escénica atraía turistas y científicos de todo el mundo.

La Fortuna de San Carlos, era hasta los años noventas, un pequeño pueblo rural, con escasas cuadras a la redonda, pero adornado por aquel imponente vecino escandaloso que, desde su despertar en 1968, no había cesado de manifestar su furia y encanto a la vez. Tal atractivo hizo posible el desarrollo acelerado de la industria turística, comercial, hotelera e inmobiliaria, ganando sus tierras gran plus valía en un corto plazo.

La economía en la zona prosperó vertiginosamente, creciendo de forma exponencial al ofrecerle al mundo un paraíso natural que tenía como plato fuerte, el poder contemplar un pulmón abierto de las entrañas de la tierra que a diario daba muestras que su viveza y majestuosidad.

Pero en el año 2010 un extraño letargo dominó al cono que por década fue considerado como indomable. Lentamente, las erupciones fueron mermando, en primera instancia presentando largos periodos de tranquilidad entre erupción y erupción hasta dormirse con una placidez que a la fecha confunde en gran medida a la comunidad científica que lo estudia y monitorea 24 horas al día los 365 días del año.

Una gran preocupación aparecía de repente, la carta de presentación de la zona se había apagado. Los expertos consideran que su adormecimiento podría durar siglos, incluso milenios. La inversión en infraestructura realizada en la zona había sido multimillonaria, así que una reingeniería debía aparecer para no sucumbir estrepitosamente por las pérdidas millonarias de inversionistas extranjeros y locales. Por dicha la zona es rica en recursos naturales tanto en flora y fauna, con bosques lluviosos y hermosos afloramientos de aguas termales. El senderismo y la belleza escénica del lugar eran los nuevos criterios a explotar, vendiendo secundariamente la hermosa vista de un volcán en estado pasivo pero impresionante desde cualquier punto cardinal que se le contemple.

En el lago arenal, hoy en día sus visitantes arriban dándole la espalda al volcán con tal de quedar frente al lago artificial y degustar de sus aguas, injusta actitud para el cono casi perfecto que por décadas robó las miradas del mundo entero y que el turismo peleada por acceder a diversos lugares para degustar de sus shows de lava. Asimismo, el miedo a su cercanía se perdió, ya que una de las actuales actividades es escalar hasta su tranquilo cráter en la cúspide de sus 1670 m.s.n.m., actividad que pese a ser prohibida por las autoridades, cada vez se practica con mayor frecuencia dada a la fascinante vista que se aprecia desde arriba y el morbo aventurero de estar en el lugar que ardió por más de 40 años ininterrumpidamente.

El Arenal hoy en día yace dormido más no inerte. Su actividad fumarólica se mantiene constante gracias a un efecto hidrotermal que calienta las aguas de lluvia que se postran en su cráter y que además filtran por sus aún calientes entrañas. Además, el paisaje desolado y quemado del flanco norte, aún puede apreciarse como si su última colada hubiese sido hace apenas algunos pocos días atrás, su recuperación verdosa será extremadamente lenta, y en algunas partes imposible.

Sin duda alguna existe un sentimiento generalizado de querer volver a presenciar aquellas noches resplandecientes del rojo vivo de sus entrañas. El comercio y sector hotelero cruzan los dedos para que ese sueño profundo en el que reposa el viejo cono gruñón se acabe pronto y así volver a crecer como en sus mejores épocas. Sin embargo, el panorama es desalentador, los científicos son muy reservados en sus criterios al respecto e incluso, algunos más osados, han declarado que el estado actual del Arenal podría perdurar por siglos, lo cual haría que ni siquiera nuestros tátara nietos puedan presenciar la elegancia de lo que fue actividad extrema.

Pero hay algo que nadie puede negar, y es que dormido o despierto el Volcán Arenal, ha sido, es y seguirá siendo siempre, el majestuoso e imponente referente de la zona norte y el principal orgullo del cantón sancarleño. Ojalá los científicos se equivoquen y pronto volvamos a ver su furia en acción como nos la obsequió gustoso durante tantos años sin parar.

Por: Esteban Coto Corrales
Cédula: 1166 0807

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