El «revivir» del Centro Diurno para Adultos Mayores en Ciudad Quesada

Desde hace dos meses, la nueva administración hace mejoras al centro. Foto: SCD
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No era un día cualquiera, había alegría, música y un pastel. Don Amado Mora cumplía 93 años y los últimos 11 de ellos los vive en el centro.

Él, es uno de los 22 adultos mayores que cada día asisten al Centro Diurno para Ancianos en Ciudad Quesada y cuyas instalaciones tuvieron un remozamiento en los últimos dos meses.

A sus 93 años, lo encontramos haciendo zumba. ¡Sí! pese a su edad la música le atrae tanto que, deja su bastón a un lado y se tira a pista.

«A mi me gusta trabajar mucho y en la casa paso limpiando el jardín o raíz de culantro pero vengo aquí a entretenerme y pasarla muy bien. Hoy cumple 93 años pero estoy preocupado, mi abuelo murió a los 127 años y el doctor me dijo que yo podía llegar a los 120 (carcajadas)», contó.

Don Amado Mora es el de mayor edad en el centro. Este viernes cumplió 93 años. Foto: SCD.

Esa jovialidad pese a sus años, es lo que irradia en este centro, donde además arman su propia familia.

Ya cansado de la zumba, don Jose Ángel Mora prefirió ir a utilizar la computadora. Armar un rompecabezas le ayuda a convertirse en un diestro para manipular el aparato.

«Esta es mi segunda casa por que yo vivo solo y en lugar de quedarme deprimido, acostado viendo tele pues vengo acá y aprendo, conozco gente y me dan desayuno, almuerzo y café por que yo nunca aprendí a cocinar y me entretengo mucho aquí», dijo.

Con orgullo, don José Ángel nos contó además que, hace unos años logró sacar su título de primaria, justo en este centro. Un recuerdo que hoy, a sus 74 primaveras, guarda como un gran logro y un enorme tesoro.

Con 74 años don José Ángel Mora nunca imaginó que podría aprender a utilizar una computadora. Foto: SCD

Historia y realidad

El centró abrió en 1981 pero un voraz incendio en 2001 , consumió la totalidad de las instalaciones del antiguo Hospital San Carlos donde operaba centro. A partir de ahí, los adultos mayores rodaron por varias instalaciones hasta que encontraron acogimiento cerca de la «Casita de Oración» en Barrio Lourdes.

Fue en 2007, gracias a ¢120 millones, aportados por la Junta de Protección Social, IMAS, INA, Conapan, Banco Nacional y el Ministerio de Obras Públicas, más donaciones de la Municipalidad, Coopelesca y, por supuesto, el pueblo sancarleño, reabrió sus puertas para asistir a esta población.

Por muchos años, el centro no recibió la atención necesaria y hasta perdió la ayuda de entidades como CONAPAM. Las instalaciones empezaron a deteriorarse y las deudas ahogaban. Hoy, a dos meses del cambio de administración el lugar luce otro rostro y las inversiones y mejoras, son notorias.

«Ahorita sobrevivimos con ayuda de la Junta de Protección Social y le hemos metido mucho a la recolecta de socios y así logramos los casi 200 mil colones por mes que ya nos ayuda, los que vienen dan una cuota de acuerdo a las posibilidades de su pensión pero si no dan, no importan acá se les recibe», citó Armando Mora, Administrador del Centro.

Los asistentes reciben clases de manualidades, computación, inglés, artesanías, zumba y algunas otras actividades de entretenimiento. Reciben su desayuno, frutas de merienda, almuerzo y el café de la tarde para que regresen a sus casas.

También reciben servicios médicos, de psicología, de ocupación. Tienen oficinas administrativas, consultorio médico, enfermería, capilla, cocina, comedor, sala de televisión, área de descanso y baterías sanitarias.

El hogar tiene capacidad para recibir 50 adultos mayores y está a la mitad de su ocupación, pero la falta de recursos limita le llegada de más personas que quieran aprovechar los espacios en su vejez.

Iniciativas internas les ayudan con los gastos, por ejemplo ponen a la venta las artesanías que hacen en su taller improvisado y además producen parte de las hortalizas que consumen, gracias a una huerta que cuida don «Checho».

Con orgullo, don José Alonso Lejarza, nos llevó por cada era de su huerta. Entre culantro, cebollín, rábanos, remolachas, repollo, lechugas y hasta maíz, nos contó su día a día. Esa huerta es de sus principales motivaciones.

Durante el recorrido, no dejó de explicar que su deseo es «conseguir más tierra y de la buena por que la que tiene no sirve y ya demostró que todo lo que siembra le pega».

La huerta es el orgullo de don «Checho» en este centro. Foto: SCD

Ayuda inmediata

El revivir de este centro conlleva mucha inversión económica. La administración anterior dejó deudas de hasta 6 millones de colones e incluso aguinaldos sin pagar.

Hubo que comprar pintura, mejorar las instalaciones y eso significó dinero que no había. Por eso, ahora planean un bingo millonario con el único fin de recaudar fondos.

El bingo es el próximo 28 de setiembre a partir de las 10 de la mañana en el Salón Comunal de Barrio San Antonio.

«Tenemos pantallas, juegos de sala, electrodomésticos, bonos de compras que logramos gracias al aporte de comerciantes y gente que nos ayuda, el valor del cartón es de 2.500 colones y están a la venta acá en el centro», dijo Hilda Arias, encargada del bingo.

Las tertulias son parte del día a día en este lugar que con nuevo rostro y mejoras, sin duda alegra la vida de estas personas que encuentran ahí el respiro diario, ese poder salir de casa durante el día, sentirse útil y a sus edades aprender algo nuevo cada día.

La idea es estabilizar, económicamente el lugar, para abrir las puertas a más adultos mayores que quieran integrarse a esta gran familia, en la que la lealtad, la pureza y las sonrisas son el ingrediente principal.

Le invitamos a colaborar y mejorar la calidad de vida de nuestros adultos mayores.

Así disfrutan de la zumba dos veces por semana en este centro, la edad no importa. SCD

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