Entre barro y maleza, estudiantes de Boca San Carlos toman un bote para ir al colegio. Claman por muelle

Los estudiantes deben viajar en bote para poder llegar al centro educativo. Foto cortesía.
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A 94 kilómetros de Ciudad Quesada, en la comunidad de Cureña: Son las 4:30 de la mañana apenas y ya Gabriel Cerdas López de 16 años de edad, debe levantarse, desayunar algo rápido, alistarse y salir para cumplir sus metas y el sueño de sus padres, graduarse como bachiller de secundaria.

Él y su hermano menor, desafían las aguas del Río San Juan y viajan en bote durante hora y media hasta llegar al Liceo Rural de Boca San Carlos, donde cursa el décimo grado.

Un par de botas de hule, capa y una sombrilla son parte de los útiles, acompañado por la ilusión de pronto entrar a la Universidad y convertirse en ingeniero eléctrico.

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«Apenas suena la alarma todos arriba, mis papás son mi mayor apoyo, el sueño de ellos que es yo llegue a ser un profesional, esa es mi ilusión también. Los sábados y domingos ayudo a mi padre que tiene una finquita, eso lo combino con el estudio y el atletismo que me encanta demasiado», relata.

Como Gabriel, otros 22 estudiantes de la comunidad de Cureña y 19 de Boca San Carlos (sector Pital), deben viajar en bote para poder llegar al centro educativo. La travesía es más larga y peligrosa para unos que para otros pero en común tienen algo: la ilusión de un futuro con mayores oportunidades. Mismo que muchas veces ve obstaculizado por la zona donde viven y el poco apoyo que reciben.

Saberse olvidados, sin ayuda y rodeados de pocas posibilidades es lo que a veces desanima pero nunca los vence y por eso a pesar de esas condiciones se mantienen en las aulas.

El video muestra el trayecto de los estudiantes a la salida de clases para regresar a sus hogares. Cortesía

Cada mañana, tras su viaje en bote, los docentes y estudiantes llegan a un improvisado muelle entre barro y maleza, que en este momento, por las lluvias es una verdadera trampa pues se enloda y complica el acceso hasta las instalaciones del centro educativo.

«No existe un muelle, siempre tenemos que ver como acomodarnos porque cuando llueve y se llena el río, se complica muchísimo, es muy inseguro», explicó Daniel Arguedas, docente de Matemática de la institución.

Allí, todos claman por ayuda para construir un muelle que les permita un acceso seguro, sin embargo ubicarse en la llamada milla fronteriza, hace que por más cartas que van y vienen al gobierno o la municipalidad, la ayuda no llega.

En mayo anterior hicieron una cabalgata para recaudar dinero que les permita al menos construir un acceso seguro y para setiembre próximo organizan una carrera recreativa en bicicleta y un bingo para ajustar más recursos.

«Boca San Carlos es un pueblo incomunicado, acá no hay señal celular y hasta ahora apenas están empezando a instalar una torre, las personas no conocen la realidad que aquí se vive y sería importante que vean lo que los estudiantes pasan. Cuando hicimos la cabalgata vinieron personas de Pital y de Aguas Zarcas a colaborar con las actividades», señaló Arguedas.

Esa, es la realidad de un pueblo que pese a sus condiciones trata de abrir oportunidades a su futuro. La organización comunal les permite lograr avances pero necesitan ayuda para conseguir los recursos necesarios y asegurar el paso de los estudiantes.

Este Liceo reúne, en total, a 64 jóvenes con sueños y aspiraciones que van más allá de cruzar un río en un bote y por eso al menos, mientras tanto, lo que piden es tener un muelle seguro para poder llegar a donde deben estar: el colegio.

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