5 “fiebres” del montañismo, que se hacen llamar los cazadores de amaneceres, desafiaron los 2.187 metros sobre el nivel del mar de este coloso.

El Volcán Platanar, también conocido como Cerro Platanar es un imponente gigante que deslumbra a quien visita Ciudad Quesada.

La llamada Montaña Sagrada, por ser cuna de nacientes de agua y parte del Parque Nacional del Agua es uno de los orgullos sancarleños y que ahora, gracias a un grupo de aventureros, nos muestra la vista desde su punto más alto.

5 «fiebres» del montañismo, que se hacen llamar los cazadores de amaneceres, desafiaron los 2.187 metros sobre el nivel del mar de este coloso.

A las 2 de la mañana de un día cualquiera, se citan en el Parque de Ciudad Quesada. Merienda y termo con café en mano, zapatos aptos y mucha voluntad. Así inician la travesía.

Maikol Corella, es un amante de las aventuras de montaña, y es uno de los que tuvo el privilegio de escalar hasta la cima del volcán dormido y ver, desde lo más alto, las bellezas no solo del cantón.

«Te cuento que estar en los 2187 msnm del Volcán Platanar ha sido una experiencia espectacular, una persona no tiene la menor idea que hay detrás de tan imponente montaña, te voy a contar que poder llegar a la cumbre de este extinto coloso es como sacado de un sueño, tu corazón palpita al mil», así narra la experiencia.

Este experimentado del senderismo, junto a sus acompañantes, son de los pocos que realmente saben, qué se ve desde allá arriba.

«Una vez estando arriba se puede observar el volcán Poás, Volcán Turrialba, Cerros como Congo perteneciente al parque Nacional Poás así como también Cerro Cacho Negro en Cubujuquí de Heredia ,esos son como los puntos de mayor atracción sin dejar de lado ciudades como Aguas Zarcas, Venecia, sus extensas Llanuras de San Carlos que se difuminan junto con Llanuras de Sarapiquí», contó.

Ellos, llegan hasta San Gerardo de Ciudad Quesada y por medio de una finca privada, en la que obviamente, piden autorización, inician la travesía.

«Es una travesía que empezamos a eso de las 2a.m., al pie de la finca de don Jose Barrientos, que su acceso es privado siempre por el bienestar de la flora y fauna del lugar; todos preparados para poder recorrer hasta la cumbre sus 5 km de trillo que tiene una duración de 3 horas como mínimo», agregó.

Pero no cualquiera puede con esas tres horas o esos 5 kilómetros. La aventura es apta solo para quienes tienen buena condición física.

«Las laderas y el ascenso son muy exigentes, donde una condición física en excelente estado es necesaria junto a un buen foco, merienda, y una cámara lista par captar esos momentos inolvidables. Así nos pasó el 2 de diciembre pasado, cuando llegamos esa mañana arriba y estábamos perplejos, tanto que en coro al mismo tiempo lo único que nos salió decir fue: ¡Uyyyy maeeeeee!», concluyó.

Sin duda, algo que no muchos pueden hacer y que, por respeto y cuido a la flora y fauna de la zona, tampoco puede hacerse libremente pero sin duda, una experiencia que Maikol quiso compartir por este medio.

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