La dulce tradición de una pastelería que sobrevive 36 años después

La pastelería abrió en 1983 liderada por Carmina y Adela Riggioni.
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Es imposible caminar por el costado norte del Mercado Municipal de Ciudad Quesada y no detenerse a suspirar ese aroma a café chorreado y ver por una ventana variedad de repostería que le hace la boca agua a cualquiera. ¿No me cree? le invito a que haga la prueba.

Hablamos de la Pastelería Viki, que desde hace 36 años deleita a los sancarleños con sus famosas tortas chilenas, ‘los borrachos’, tamal asado, pan de elote, y hoy incluso ofrece hasta desayunos y almuerzos.

Fue en 1983 cuando las hermanas Carmina y Adela Riggioni Hidalgo se propusieron emprender su propio negocio, en medio de harina, dulce y polvo de hornear.

Espacio político pagado

Lo que en aquella época iniciaron con 25 y 21 años, es hoy uno de los comercios más emblemáticos que prevalecen en la desarrollada Ciudad Quesada.

«Mi hermana Carmina tuvo la idea de poner una pastelería porque en Ciudad Quesada no habían en esa época, entonces mi mamá nos prestó el dinero para empezar, al año del préstamo y como vimos que el negocio funcionaba decidimos ir y sacar un préstamo en el banco para pagarle a mi mamá», cuenta doña Adela, actual administradora del negocio.

De ahí el nombre de Pasteleria Viki, en honor a la mujer que les dio el impulso, su mamá, doña Virginia Hidalgo Quirós.

Doña Adela Riggioni tiene 57 años y desde hace 36 inició con la pastelería junto a su hermana Carmina.

Años después, doña Carmina emprendió un proyecto aparte y doña Adela quedó al mando de la pastelería junto a su esposo don Rafael Dobles y sus hijos.

«Primero Dios estamos aún acá, porque sin la ayuda de él nada sucede, segundo verse como uno más de los que laboran acá. Nos respetamos, somos como una familia, tenemos colaboradores que tienen más de 5, 10 o 20 años aquí con nosotros. A parte de mis esposo, mi hijo y yo, tenemos 3 colaboradores más», describe doña Adela.

Hoy el negocio se mantiene próspero pero con algunos cambios, pues desde hace un tiempo también ofrecen el servicio de soda.

«En aquellas épocas nosotros llegamos a vender hasta 100 queques por día, la producción era muy alta, pero llegó el momento en que las panaderías empezaron a vender repostería y la demanda empezó a bajar mucho. Llegó el momento en que dijimos o hacemos algo o hay que cerrar, entonces metimos lo que es comida», explica.

Un pequeño rótulo dentro del local llama la atención por conservar aún su estilo clásico.

Desde muy temprano doña Adela, familia y colaboradores le esperan con desayuno, almuerzo, comidas rápidas como empanadas arregladas, tortas, hamburguesas, nachos, quesadillas y la infaltable repostería que les caracteriza.

Como todo empresario, doña Adela reconoce que el camino no es sencillo, sin embargo es fiel creyente del ahorro y asegura que quien sabe ahorrar puede hacerle frente a cualquier problema económico y salir adelante con sus proyectos.

La Pastelería Viki es uno de los pocos comercios que aún mantienen intacta su fachada y el secreto de endulzar el corazón de los sancarleños. La clave para sobrevivir en medio de una «moda» de cafeterías en Ciudad Quesada.

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