El nuevo campeón nacional de Costa Rica alcanzó la copa al norte del país, en su casa y con su gente. Foto: Fabiola Barrantes.

Este viernes se cumple un año de uno de los momentos deportivos más grandes en la historia del cantón, pasaron 365 días pero esa noche del 15 de mayo de 2019 aún provoca escalofríos y sigue intacta en la retina de miles de sancarleños.

Era un miércoles cualquiera para la mayoría de aficionados al fútbol de este país, pero desde tempranas horas el centro de Ciudad Quesada emanaba una vibra diferente, sin darnos cuenta, la historia nos llamaba a escribirla con tinta azul y roja.

Estudiantes y maestros de escuelas y colegios del cantón pusieron la esperanza al tope, cientos de videos con el «oe oe oe Toros» calentaban el ambiente sin siquiera llegar al medio día.

El Parque de Ciudad Quesada lucía sus mejores galas, pantalla gigante, toldos, música y camisetas rojas que se aglomeraban en espera de la hora más importante.

Bajo una intensa lluvia que sabemos jamás habría querido perderse de este momento, la fila para ingresar al Carlos Ugalde parecía interminable, capas y sombrillas formaron parte de la indumentaria con la que 8 mil almas ingresaron al reducto norteño a alentar sin descanso.

La fila para ingresar al estadio norteño por momentos parecía infinita. Foto ADSC

6:15 de la tarde. Los protagonistas llegaron, en medio de luces, cámaras, micrófonos y la incansable lluvia, los Toros del Norte arribaron al Carlos Ugalde bajo concentración absoluta y la mirada puesta en el título. Minutos después llegó el rival, y no cualquier rival, el equipo más ganador del país, el Deportivo Saprissa.

Si llegó a este punto de la nota, le invito a que por unos minutos cierre sus ojos, respire profundo y traiga a su cabeza esos minutos previos al inicio del juego.

El Coloso de San Martín canta al unísono el himno a San Carlos, 90 minutos separan al «pequeño» equipo sancarleño de alcanzar la página más dorada en su libro de historia.

Cuanta angustia, los Toros sacaron parte de la tarea en el primer tiempo, pero aún faltaban 45 minutos más, probablemente los más eternos para quienes están en el terreno de juego, sudando esa camiseta roja como para los que están en la grada alentando sin cesar.

Al minuto 87 de la etapa complementaria las bombetas empezaron su danza en medio de un eufórico «¡Sí se puede! ¡Sí se puede!». El Saprissa lo intenta pero el técnico Luis Antonio Marín se encargó de blindar la zona defensiva con sus mejores hombres.

No había nada que pudiera distraer la atención de los espectadores, la mirada si fijaba profundamente en el reloj y los protagonistras dentro del terreno de juego. Foto ADSC

Como no, si en su año de debut como director técnico solo 3 minutos lo separaban de alcanzar la primer estrella en su marca personal y para un club que recién celebró 55 años de historia.

La espera parecía no tener fin, el encargado de impartir justicia añadió 3 minutos más de reposición pero la historía ya estaba sentenciada, el nuevo campeón nacional de Costa Rica alcanzaría la copa al norte del país, en su casa, con su gente.

El momento fue inefable, en voz del comunicador sancarleño, Marvin Méndez Morales, así se vivieron los últimos segundos de esa final añorada por cientos de generaciones sancarleñas

El final de esta historia todos la conocen y todos estuvieron ahí para vivirla, desde el estadio, en el parque, en casa o restaurantes, de algún modo el miércoles 15 de mayo de 2019 fue una noche muy distinta, llena de algarabía y con el pecho inflado de orgullo de pertenecer a este pedacito de tierra.

Recordamos esta gesta histórica, hoy en una situación distinta, con un estadio sumido en el silencio y un torneo que a paso lento y precavido busca volver a una «nueva normalidad», pero que que en un futuro el aficionado fiel espera volver a repetir, juntos, como una sola familia.