En la década de los 70, en San Carlos se recreó la Pasión por primera vez. Foto recopilada por Joaquín Castro

Sopa de bacalao, sardinas, miel de chiverre, palmito y súrtuba asada. Al mencionarlos sin duda nos llega a la mente la Semana Santa.

Nuestras tradiciones han ido variando y muchas costumbres desaparecen  pero por suerte algunas como los platillos criollos aún permanecen.

Como es lógico Semana Santa y sus rituales eran similares en todo el país, y las creencias  divulgadas para controlar a la gente eran similares

No se podía uno bañar en ríos o playas porque se convertía en pescado, aunque aquí en San Carlos la idea era que le salía una cola de pez o se transformaba en sirena, El que se subía a un árbol se convertía en mono. En las ciudades no se debía andar en carro, en las zonas rurales en caballo.

Y en general nadie se bañaba en esos días.

Era tiempo de ayuno. 

A las seis de la mañana un bocadito con agua dulce , a mediodía otro bocadito y allí hasta las seis de la tarde, en que ya se podía comer algo más fuerte.

Jueves y viernes no se cocinaba. Era pecado prender el fuego. Las mujeres dejaban preparados los alimentos con antelación, y solamente los calentaban.

Los tamales eran mudos, o sea sin carne. Los rellenaban con frijoles o con picadillo de hojas de mostaza o algunas otras legumbres.

En todas las casas era religioso comer palmito. En San Carlos la gente iba a «palmitiar» cinco días antes . Entraban a la montaña y cortaban también súrtubas que es una especie de palmito muy amargo, En general se llevaban a asar a las panaderías o en los hornos de barro que había en casi todas las casas, o también lo hacían en picadillo. Mucho se mandaba a la Meseta Central

También con antelación preparaban el pan que se preservaba por varios días. La miel de chiverre y las empanaditas no podían faltar.

Me dice Gerardo Arias, cuyo padre tenía una pulpería en Buena Vista, que ponían a asolear el pescado tostado, que les llegaba en sacos y vendían allí.

Los días previos eran muy ajetreados. A recoger las mazorcas y transformarlas en masa para los cientos de tortillas.

Los niños esperaban ansiosos que se desocuparan las latas de sardinas para transformarlas en carritos, o carreticas.

Cientos de tortillas salían de los comales y eran envueltas en hojas de plátano, permaneciendo cerca del fogón.

En las montañas la gente preparaba el pan de guacal que sólo se hacía en San Carlos. Se cortaba una jícara o guacal y se le sacaba la pulpa, se ponía a secar, y luego se mojaba y embarraba de harina. Pronto se convertía en levadura y se hacían deliciosa trenzas. Mayela Murillo de los Chiles de Aguas Zarcas, me hizo una demostración de cómo se elaboraba, y es una verdadera delicia.

La sopa de bacalao se convertía en una competencia de quien la preparaba mejor, con huevos y raíz de chayote.

Y así mil cosas más.

Y cuando llegaba el Jueves Santo los radios  se silenciaban, prohibido cantar, y todos a hablar en voz baja.

Eso ocurría en todo el país.

Y empezaban las procesiones con sus santos y angelitos en vivo y en andas. Y todos los personajes de la Pasión.

La Filarmonía le ponía el punto a la procesión, las mujeres, niños y hombres caminaban despacio como compungidos, Ellas con sus velos en las cabezas, ellos con sus sombreros en la mano. Y lógico que no faltaban los perros, y una que otra broma como amarrar con una gacilla el velo de una persona con el de la otra.

En algunas poblaciones, y aún lo hacen en la actualidad colocaban el Huerto, con verduras y frutas del lugar.

Y en muchas partes, pero no en San Carlos, según me comenta Gerardo Arias, se  quemaba el Judas y luego se leía un testamento donde se le sacaban los trapos sucios a los más tacaños, a los infieles, o se choteaba al que se podía.

Zarcero era famoso con esa tradición.

Las bromas llegaban al punto que en la noche anterior iban en silencio a las casas de algunos vecinos, les sacaban carretas, bancas, implementos agrícolas y mil cosas más y las colocaban donde iban a quemar a Judas y seguidamente se leía el testamento.

Los dueños de lo secuestrado debían cumplir un castigo para recuperar sus haberes.

Eso ocasionó más de un pleito.

Los vecinos iban de visita a las casas más cercanas y había intercambio de todas las delicias citadas.

Para las señoras llenas de familia, donde tenían a veces hasta dieciocho hijos, también era tiempo de descanso, pues  no se podía consumir carne de ninguna especie, y los maridos permanecían quietos en sus lechos nupciales.

Para quienes quieran hacer la sopa de palmito he aquí una receta autóctona recopilada por Marjorie Ross

Sopa de Palmito

Se asa en el horno un palmito y  se abre hasta el momento en que se va a usar ,pues sino se pone negro. En una olla se echan dos tazas de leche, una cucharada de masa de maíz molido bien fino, un tomate mediano pelado y sin semillas, un chile dulce pelado y sin semilla bien molido, sal, pimienta., dos dientes de ajo pelados y molidos, una cebolla picada, dos yemas de huevo duro majadas y desleídas en agua fría, y suficiente agua según el número de personas que van a comer. Se deja hervir diez minutos. Se abre el palmito, se parte en pedacitos, se echa en el caldo y se deja hervir diez minutos más. En la sopera se pone una cucharada de mantequilla y se agrega la sopa.

¡Feliz Semana Santa!

Fotografías de Ángela Ulibarri, recopiladas por Joaquín Castro.
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