San Vicente, el pueblo de la buena cuchara, excelente producción, bellezas naturales y música

San Vicente
San Vicente está a 7 kilómetros de Ciudad Quesada y ahora está el camino asfaltado. Foto: SCD

A 7 kilómetros de Ciudad Quesada, a los pies del Parque Nacional del Agua, está un pequeño pero hermoso pueblo que gran parte del tiempo está cubierto por una densa neblina que complementa ese clima frío y fresco típico de una zona de altura.

Ese, es San Vicente de Ciudad Quesada, se dice que uno de los pueblos más viejos del cantón y para muestra, su escuela tiene los mismos años que San Carlos, es decir 107.

Su ubicación, a 1600 metros sobre el nivel del mar, hace que cada rincón de esta comunidad sea un mirador natural de toda la Zona Norte, desde donde se aprecian las llanuras, el verde y lo hermoso de esta Región.

Pero a parte de toda la belleza escénica que se nota con solo llegar, esta comunidad esconde tesoros que lo hacen aún más valioso, y el principal es su tierra fértil.

Caminando por las hermosas calles adoquinadas, nos encontramos a la orilla a don Gabino Flores. Si bien, no es vicenteño, él es un experto labrando y produciendo hortalizas. En un espacio de mil metros cuadrados tiene hileras llenas de remolachas, culantro, lechuga, repollo, rábano, brócoli, cebollinos y coliflor, todo orgánico.

“Con esto, logramos producción prácticamente todo el año y lo que hacemos es que como hay tanta demanda, vamos a vender productos a la feria del agricultor y los fines de semana al centro de la comunidad. Trabajamos a pura gallinaza y las aboneras bien repartidas”, dijo don Gabino.

Para el follaje de esta producción usa chile, ajo, clavo de olor, canela, romero y lo que llaman repelencia para evitar plagas y omitir los insecticidas. Algo novedoso en una comunidad acostumbrada a lo tradicional.

Don Gabino cosechando remolachas en su parcela
Don Gabino cosechando remolachas en su parcela. Foto: SCD

La produción de don Gabino empezó a venderse durante los domingos en el pueblo. Y es que los fines de semana, San Vicente se convierte en uno de los destinos turísticos más fuertes. No solo por sus bellezas naturales, como la reconocida catarata sino por que la buena mano de doña Rocío Figueroa, hizo de la Soda Dulcelina el lugar perfecto para disfrutar de la olla de carne, estofado, lomo relleno y por supuesto el picadillo de arracache.

“Nosotros empezamos a abrir para atender a los vecinos que salían de misa. Era tan poca gente que nos daba hasta tiempo de dormir en las bancas de la soda mientras llegaba la gente. De pronto empezamos a ver que llegaba más y más gente hasta ahora que vemos que la gente hace fila afuera para esperar una mesa, principalmente los domingos”, dijo doña Rocío, quien fue por muchos años la jefe de cocina en los reconocidos turnos de la comunidad.

Pese a que varió el menú y añadió comida rápida, el principal platillo de esta soda es el tradicional.

“La idea es tener una cocina de turno abierta todos los fines de semana”, dijo.

Por semana, los fines de semana, suben hasta San Vicente al menos 500 personas, no solo a los atractivos naturales, sino a probar la cuchara de doña Rocío, explicó Otto Corrales, Presidente de la Asociación de Desarrollo.

Doña Rocío ahora es fuente de empleo, pues por la alta demanda debe contratar personas del pueblo para que le ayuden a atender.
Doña Rocío ahora es fuente de empleo, pues por la alta demanda debe contratar personas del pueblo para que le ayuden a atender. Foto: SCD

Dulcelina, era el nombre de la esposa de don “Paco” Benavides, uno de los forjadores de este hermoso pueblo y cuyos hijos quedaron asentados ahí. Se convirtió en un pueblo familiar pero cuyos integrantes heredaron no solo el amor por la siembra y la cosecha sino también ese amor la música que recorre las venas de muchos de ellos.

Los timbales, el acordeón y las guitarras son parte de la vida de esta comunidad. Don Francisco Benavides, conocido como el famoso “Chico”, es todo una institución no solo de la música, sino de la cosecha de arracache, producto tradicional en San Vicente.

“Papá fue el que trajo las primeras semillas de arracache acá, trajo también el cebollín por primera vez y también desde chiquitillos sembrábamos culantro, nos enseñó a cultivar y pues seguimos nosotros, ahora yo también produzco moras, pero no es una mora cualquiera es una nativa de acá que es especial para frescos”, contó.

Luego de hablar de la pasión por la tierra, no puede ocultar su otro amor: la música.

Él es el líder del grupo Charanga, un grupo en el que el requisito para integrarlo, es ser parte de la familia Benavídes.

Yo he tenido como 7 grupos, ahorita tengo este que tengo toca rancheras, merengue, bolero, cumbia más que todo, es variado. Todos mis sobrinos y demás se criaron entre guitarras, desde chiquitillo a mi me metieron ese don, yo me crié en medio de acordeones, recuerdo que papá se levantaba a las 4 de la mañana a ensayar y otro hermano mío también, entonces ya uno desde los 7 años le hacía al acordeón y así enseñé a mis hijos a tocar instrumentos y cantar”, dijo “Chico”.

Don "Chico" Benavides alterna su pasión por la tierra con la música.
Don “Chico” Benavides alterna su pasión por la tierra con la música. Aprendió a tocar acordeón desde los 7 años. Foto: SCD

San Vicente es el pueblo que lo tiene todo: produce lo que consume, desde hortalizas hasta una fábrica de queso. Es epicentro de nacientes de agua. Cuna de músicos. Y también tiene el valor del amor y cariño al mismo pueblo.

Virgil Castro, salió de su natal San Vicente a estudia a San José, pero cuando terminó decidió devolverse y aplicar lo aprendido en su propia casa.

En el patio de su casa, tiene tres invernaderos en los que produce fresas hidropónicas. En pequeños espacios produce hasta 40 kilos de fresas por semana y aprovecha también el espacio para producir berros.

“Ha sido como un plan piloto, inicié hace un año y ha sido toda una experiencia, lo que trato es optimizar producción por área de terreno y empecé con hidroponía por que facilita eso. Esta segunda versión la hice vertical para aprovechar más el espacio”, dijo Virgil.

Virgil produce fresas para el consumo de la comunidad. Aún no vende fuera.
Virgil produce fresas para el consumo de la comunidad. Aún no vende fuera. Foto: SCD

LA UNION HACE LA FUERZA

“Desde el inicio fue un pueblo con pocas familias y eso creó la necesidad de autoayudarse y autosostenerse. Ahora son más familias pero se mantiene la escencia. El secreto de este pueblo está en que es una comunidad super organizada”, explicó Otto Corrales, Presidente de la Asociación de Desarrollo.

En San Vicente, hay 14 grupos organizados: comité de deportes, comité de caminos, bandera azul, patronato escolar, comité de salud, en fin.

“Como somos pocos habitantes una persona forma parte de 3 o más grupos y eso hace que todos trabajemos. Lo otro es que ha pasado de generación en generación esa actitud de solidaridad”, añadió.

San Vicente se reconoce por su capacidad de organización.
San Vicente se reconoce por su capacidad de organización. Foto: SCD

Los famosos turnos son de lo más esperado en esta comunidad, pero hay una mala noticia. Por algún tiempo, dejarán de hacerse. En el último turno, unas 10 mil personas llegaron hasta esta tranquila comunidad durante un fin de semana, algo que se salió de control para la organización.

“Lo que estamos haciendo son actividades de un día, ya hicimos la Ruta del Agua, el INDER organizó una actividad de mujeres acá y hasta la actividad de fin de año del Concejo Municipal fue aquí, eso nos garantiza siempre el ingreso de fondos sin necesidad de colapsar la comunidad como nos pasó la última vez”, agregó Corrales.

Desde hace 13 años, San Vicente tiene Bandera Azul Ecológica, el reciclaje es parte de la vida de los poco más de 400 pobladores que habitan esta tierra bendita, predilecta.

Las hermosas calles ahora de adoquines, gracias al esfuerzo comunal, son recorridas por los habitantes que pese a vivir muy cerca uno de otro, siempre saludan con un abrazo sincero, la mayoría a pie.

Tómese el tiempo, visite San Vicente. Vaya un domingo donde doña Rocío a la soda Dulcelina, de camino saluda a don Gabino en su huerta, con suerte se encuentra a don Ulises en la calle y le compra prestiños. Si va a misa el sábado a las 4 de la tarde, se encuentra a don “Chico” cantando y ahí mismo recibirá el abrazo de todos los vecinos a la hora de la paz, de paso puede que se quede a ver la mejenga.

Este es el único lugar en el que en lugar de jardines llenos de flores, usted encontrará huertas de arracache y hortalizas al frente de las casas.

Visite San Vicente
Visite San Vicente. Foto: SCD
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