En una cálida tarde de setiembre, don Porfirio Barrantes Aguilar descansa sobre una silla, acompañado de una sonrisa y un exquisito sentido del humor. Saluda a todo aquel que visite el Hogar para Ancianos San Vicente de Paúl.

Él es uno de los 75 adultos mayores que conviven en este centro de atención en Ciudad Quesada.

Pero más allá del caluroso saludo, la mirada de don Porfirio dice algo más: Anhela una buena y larga conversación para contarle al mundo lo que le gusta hacer y recordar unas cuantas historias del pasado.

Rápido ajusta su cinturón que le ayuda con sus dolores de espalda y nos lleva a conocer su más preciado tesoro: ¡La Huerta!

Mientras caminamos hacia ella los saludos con sus otros compañeros y trabajadores del hogar se dan por decenas, «¿Diay, cómo vas?» «Eso don Porfirio» y hasta espacio para los chistes, «suave, suave, no ha llegado el avión» vocifera mientras unos jóvenes trasladan una escalera con ruedas.

Ya en el huerto este «roble» de 73 años, que carga en sus espaldas toda una enciclopedia de sabiduría, saca su conocimiento como agricultor para explicarnos lo que tiene en proceso de cosecha.

«Aquí tenemos sembrado un poquito de todo, vea esto es vainica y pepino, pero el pepino como que no pega muy bien donde hay humedad».

Don Porfirio ha pasado más de la mitad de su vida entre machetes, palas y escardillas. Nació en Llano Bonito de Naranjo y a los 10 años se vino con sus padres a vivir en San Carlos.

«Mi papá compró un pedacito de tierra en Platanar, ahí empecé a sembrar con él y a los 14 años entré a la escuela», nos cuenta mientras caminamos en medio de una era de apio y culantro.

Su relato se interrumpe cuando pasamos por la siembra de repollo, se acerca un poco más y dice «Ay mirá, este repollito ya está de llevarlo a la cocina».

Don Porfirio interrumpe su relato cuando pasamos por la siembra de repollo: «Ay mirá, este repollito ya está de llevarlo a la cocina».

Dice que sintió vergüenza de verse casi con 15 años en segundo grado de la escuela, decidió salirse y buscar un trabajo para ayudar a su familia.

«No volví, pero lo poquito que aprendí, lo aprendí solo. Por lo menos gracias a Dios aprendí a respetar a las personas, porque hoy ve uno a muchos estudiados y no tienen ese valor de respeto. Pero bueno, ahí me busqué un trabajito jalando caña desde el puente de Platanar pa’l Ingenio, y con bueyes, nada de chapulines ni carros», recuerda.

En el amor no tuvo tan buenas experiencias, según dice se casó a los 25 años y tuvo 2 hijos varones, pero las cosas no funcionaron. Luego en otra relación tuvo 2 hijas, pero el resultado fue el mismo.

«Vieras que mal me fue en eso, fue un fracaso en ambas, como pegar chances con número y serie».

Un breve silencio y un profundo suspiro le detienen al recordar a sus hijos.

Sus 4 descendientes viven fuera de San Carlos, actualmente solos dos lo visitan.

«Los otros no sé ni donde están. Yo viví con uno de ellos, pero vieras que me maltrataba mucho. No me funcionó la cosa».

Hoy don Porfirio le aconseja a los jóvenes a valorar más a sus padres y a devolverles todo el amor y dedicación que les dan en la vida.

«Yo les digo que se porten bien, que los cuiden mucho, no les griten no se imaginan el daño que puede hacer un mal gesto o palabra. Y que recuerden que la mejor herencia que un padre le puede dejar a uno es la educación», expresó.

El próximo 21 de noviembre don Porfirio cumple 2 años de vivir en el Hogar, dice sentirse muy feliz por el cariño y atención que recibe.

«Gracias a Dios aquí lo ayudan con todo a uno y me dan un campito para trabajar aunque sea un ratico».

Después de casi 50 minutos de plática, regresamos al pabellón principal del Hogar, su lento caminar delata que detrás de su arrugada piel se esconden infinidad de historias que pueden ser de mucho provecho para la sociedad.

Acude a la silla donde lo encontramos descansando y se despide con un reiterado agradecimiento por el tiempo que le dedicamos para conversar.

Mejorar las condiciones de vida de don Porfirio y sus otros 74 compañeros puede ser una realidad gracias a la campaña «Devolviendo Amor» que pretende dar esperanza al centro de atención y convertirlo en un Hogar modelo para todo el país.

La institución busca recaudar 50 millones de colones que permitan remodelar las áreas más críticas del Hogar, como la zona de secado, lavandería, la cocina y el comedor.

La recaudación de dinero inició el pasado miércoles 19 de setiembre, con alcancías identificadas que están en Coocique, Banco Nacional, Banco de Costa Rica, INS, Supermercados Su Casa, Supermercados Canasta Básica, ASUN, Carnes don Alfredo, El Colono, Ferretería Rojas y Rodríguez, Musicolor y en las oficinas del Hogar de Ancianos.

También tienen a disposición los siguientes números de cuenta para recibir donativos:

Banco de Costa Rica (BCR)
Cta. corriente: 001-0473726-1
Cta. cliente: 15201001047372616

Banco Nacional (BN)
Cta corriente: 100-01-012-010860-6
Cta cliente: 15101210010108608

Coocique R.L.
Cta corriente: 907996
Cta cliente: 81100110008455017

Las cuentas están a nombre de la Asociación Hogar de Ancianos San Vicente de Paúl San Carlos. Cédula Jurídica: 3002045998.

La meta para alcanzar todo el dinero culmina el próximo sábado 6 de octubre con una actividad en la Plazoleta Amado Madrigal, desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche.

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